PACIENCIA

Podría señalar varias herramientas necesarias para ser un buen enfermo de Cancer o de cualquier otra enfermedad crónica, pero sin duda alguna la más importante es la PACIENCIA.
Naturalmente algunos o alguna van incorporados con la misma pero otros, como en mi caso, hemos tenido que ir construyéndola durante todo este periplo.
Desde el año 2012 que comencé con el primer tratamiento, me di cuenta  que algo que debía ir incorporando a mi vida es que todo transcurre a un ritmo y a un tiempo que no nos pertenece y que por tanto hay que dejarse llevar, fluir. Muy pero que muy difícil.
El primer contacto que tienes es que tienes una hora determinada para la consulta, pero eso es falso, ni siquiera es un tiempo aproximado. Te dan una hora y allí llegas y esperas. Primero medía hora te parece fatal, cuando pasa una hora te pones nerviosa, llegas a dos y piensas que se han olvidado de ti... y en algún momento cuando estas desesperada y piensas que eso será un hecho puntual, escuchas tu nombre.
Pero eso ocurre el primer día de consulta, después vendrán las pruebas, que además de no saber nunca que puede ocurrir, la espera es insufrible porque todo el mundo sabe, que cuando entras la amabilidad del personal da paso siempre a algún tipo de dolor en cualquier parte de tu cuerpo, en función de las características de las pruebas que te han mandado.
En un primer momento, piensas que todo después cogera su ritmo, pero nada todo puede ir a peor. Y así ha sido todos estos años. ¿Cómo te enfrentas a estas situaciones? Pues adquiriendo el don de la paciencia. Primero té lo repites cuando vas de camino - sabes cuando entras pero no cuando sales-. Después te llevas, un libro. No es suficiente. Lo compaginas con charlas con otros pacientes, paseo, lectura. Últimamente me llevo mis cuadernos de dibujo naturalmente junto al libro.
Pero lo que me ha ayudado es concienciarme de que esa es mi situación, y que una espera larga no es motivo de disgusto. Que ocurrirán múltiples incidencias que alargan continuamente mi estancia en el hospital, pero siempre lo he recibido estoicamente, sencillamente porque no puedo perder mi tiempo en un enfado sin sentido, y el disgusto lleva a la intranquilidad y eso no sirve de nada. Las cosas son como son. Lo que ocurre fuera no puedo controlarlo, debo fluir en el espacio y en el tiempo, y preocuparme exclusivamente de mi serenidad interior. Paciencia y serenidad van intrínsecamente unidas. Cuanto más serenidad adquiero más paciencia construyó en mi, porque lo externo cada vez me afecta menos. A veces preocuparnos por cosas que están fuera de nuestro control es una perdida de tiempo y sobretodo inciden muy negativamente en el espíritu que debe estar 100% encaminado a la lucha contra el desánimo, la batalla contra el dolor y en la aceptación de mis circunstancias.
He aprendido a tener paciencia, y es algo que sirve más allá de mis actividades hospitalarias. La paciencia es un don, y aveces cuando sin darme cuanta me impaciento por algo, como hoy esperando dos libros de Amazon que al final no llegaron, me digo bueno y qué, llegará el lunes o cuando sea allí estaré, mientras seguiré leyendo otros libros tengo muchos.  Ha sido una actuación rápida ante un sentimiento de intranquilidad  que emergía. Hay que trabajar constantemente la mente, y cuanto más lo haces más rápido consigues la finalidad que pretendes.
Un día más, tranquilo, ahora están empezando los efectos de la quimio. Pues ya está, pasarán y volveremos a la normalidad. La vida sigue, simplemente es paciencia.
Mañana saldrá el sol, esperare pacientemente su luz y calor, y seguiré siendo feliz porque cada día me construyó a mí misma, o mejor dicho me encuentro con la esencia de lo que soy. Un maravilloso camino.

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