EL SUEÑO

Desde que somos niños hacemos una lista de cosas por hacer: ver una aurora boreal, atardecer en el desierto, subir el Himalaya... hay tantas cosas que deseamos desde que tenemos cierta comprensión de la realidad en la que vivimos y del lento descubrimiento de lo que somos. Con el tiempo esa lista cambia constatemente, de los viajes pasamos al amor verdadero, a los hijos, deseamos tal o cual futuro para ellos, un buen trabajo, una casa, algún que otro viaje, etc; pero a pesar de todo siempre seguimos creando y materializando deseos y sueños en el transcurso de nuestra vida. Incluso a veces recordamos con nostalgia aquellos recuerdos que desde niños han quedado escondido en lo más remoto de nuestro subconsciente y que ya apenas tendríamos capacidad de realizar (por no decir ninguna): como ser astronauta o en mi caso ser una virtuosa del violín y del bel canto. 
De jovencita era una lectora empedernida y por suerte cayeron en mis manos los libros de las hermanas Brontë y de Jane Austen. Desde ese momento sentí una gran afinidad con un mundo tan ajeno a mi vida y a mis circunstancias (quizás una manera de huir de la realidad en una edad tan complicada y sufrida) pero en cuyas autoras veía la capacidad de hacer lo que amaban en una época llena de prejuicios contra las mujeres. No sé que tienen Austen y las Brontë para haber influenciado especialmente a tantas escritoras y a tantos lectores, pero tienen "ese algo" especial que crea una correspondencia total entre lo que transmiten sus lecturas y tus propios sentimientos. Y así poco a poco atesoré , al igual que hacía con sus libros, el deseo de recorrer aquellos lugares que inspiraron tan bellas e inteligentes historias. 
El Cáncer tachó prácticamente toda mi lista de deseos. Mi gran pasión por viajar quedaba esquilmada de mi lista de deseos: Australia, Nueva Zelanda, Japón, Hawai ... viajes lejanos que requerían mucha fortaleza y tiempo del que ya no disponía. Todo el dinero ahorrado para esos viajes los gasté en una casa. Ya veis lo importante para mí que era ya disfrutar de la vida  antes que poseer. 
El avance rápido del cáncer me dio pocas esperanzas de realizar ningún sueño; pero tras dos duros años de tratamiento, de alegrías y desencantos, de dolor y esperanza, por fin he podido al menos recorrer aquello paisajes y caminos de mi querida Jane Austen.  Cuando llegue allí no voy a negar que lloré, pues aquello representaba el triunfo de la vida, de la perseverancia sobre el pesimismo, de la lucha por lo que queremos y amamos, el triunfo de seguir teniendo sueños a pesar de las circunstancias. Los sueños pueden cumplirse aunque haya piedras en el camino, a pesar de las caídas, de esa lucha sempiterna contra ese "nuevo"reloj biológico impuesto por las estadísticas... y yo , aquí, siempre luchando contra el paso de "esas horas".
Ha sido un viaje trabajado, mas especial de lo que esperaba porque mi propio cuerpo ha empezado a darme una de esas "bofetadas médicas" que te meten en la dura realidad en la que vives. Pero lo logré. Llegue allí y lloré, lloré, por tantos horas de dolor y desesperación, por la soledad de un viaje de dolor incomprensible e injusto, lloré por mí y por los que me quieren... fue mi propio peregrinaje al mundo de lo sueños posibles. Sí, los sueños pueden alcanzarse aunque todo se ponga en tu contra, la fe y la esperanza, las ganas de seguir son las armas adecuadas para conseguirlos...después el destino jugará su parte.
Ya he vuelto, y en apenas unas horas me veo otra vez, oliendo a desinfectante, dejando de ser persona para ser numero, empezando a controlar los niveles de tal o cual elemento biológico, los miedos a los cambios...y el sueño se quedo en sueño. Nadie me quitará lo vivido pero es tan duro darte cuenta que de repente ese reloj maldito ha empezado de nuevo a funcionar, sin dar tregua a mi existencia. Todo me es incomprensible, me siento fuera de lugar como si esto no me perteneciera. Quiero despertar y que solo sea una pesadilla  o en cuyo caso seguir durmiendo para siempre. Estoy cansada y me siento sola, muy sola...el mundo es injusto quizás ese sueño hubiera sido un gran final para mi historia. 



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