HOJAS MUERTAS

Hace una tarde calurosa, estoy recostada en mi sillón  sintiendo un liguero aire que refresca la inminente migraña que aparecerá dentro de poco. Siempre he teñido migraña, desde los 14 años más o menos. He tenido una convivencia difícil, pero he podido realizar todo lo que he querido con ella. Al compararla con mi enfermedad actual debo decir que es agradecida, pues siempre avisa a través de sus luminosos haz de luces el correspondiente y terrible dolor de cabeza. Antes aquello me parecía insufrible, ahora es tan relativo el dolor. Hasta el dolor tiene su medida en función de lo padecido. Sonrío al pensar en todo aquello.
Hoy he salido a comer con un amigo de mis días de Universidad, nos hemos reencontrado y es gratificante compartir experiencias. Experiencias basadas en el crecimiento como persona, por lo que somos, no vale en nosotros lo típico de estos encuentros la medida de logros profesionales  del estatus  conseguido.
En contrapartida, con esta enfermedad, he dejado muchas hojas muertas por el camino. Antes de todo esto tenía unos amigos, con los que viajaba, salía , hablábamos, lo pasábamos bien preparando el siguiente viaje, la siguiente salida. Durante mi primer encuentro con el Cancer , estuvieron a mi lado, pero al final cada uno siguió su camino, es lo natural. En esta dura recaída, todos han desaparecido, alguna ha tenido una llamada, otras ni eso. No hay ninguna presencia, ninguna llamada. Pero en contrapartida han surgido amistades de siempre, ánimos de amigos lejanos, de otro tiempo, y amigos de ahora. No necesito una presencia continua, sólo me basta una llamada de ánimo, un café de entretenimiento... es verdad esa frase tan manida de que en los momentos difíciles descubres verdaderamente quienes son tus amigos. Yo lo he descubierto y agradezco ese conocimiento.
Pero lo importante es no juzgar, ni guardar rencor. Ahora no hay nada, lo pase bien en aquellos momentos, fui feliz, viaje, me reí ... pero eso es el pasado. Son hojas muertas, y están allí junto a todo lo que me voy desprendiendo, dejando en mi únicamente lo esencial de lo que soy. No podemos seguir adelante si seguimos llevando mochilas prescindibles, el peso debe ser liviano, para seguir caminando, luchando y creciendo.
Soy feliz por todo eso, porque es una enfermedad que me está enseñando a ser mejor persona, y aunque constantemente me lleve a un remolino de sensaciones contrapuestas y funestos miedos, cada día aprendo que estoy por encima de ella.
Un día más, ha sido un día feliz y profundo, de lo que me gustan (aunque nunca hago asco a un día de diversión desenfrenada), pero es un día en el que se te revelan muchas cosas, y eso es maravilloso.
Mañana saldrá el sol, potente, radiante, caluroso y estaré ahí para sentirlo y contemplar la esplendorosa luz del verano sabiendo que la vida es un don hecho de sencillez y de pequeños detalles. Bueno ya han terminado los haz luminosos con sus variadas formas que dan paso al dolor. El cuerpo a veces es incomprensible. Pero aquí estoy intentando conocerlo, y eso es lo importante.

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