LA PUERTA ROJA

Hoy dejo paso a el ¡Oh destino cruel!, y nos damos de choque con la realidad cotidiana...bueno la mía, que es bien diferente al del resto. Se puede llegar a ser muy melodramática- siempre lo he sido - pero la realidad es tan dura, que ser melodramática lo volvería artificioso y poco creíble.
La realidad es tan,  no sé qué palabra podría definirla, tan...¡real¡. El olor del hospital que a veces ves descrito en un libro, el sonido, las imágenes, escenas,...ningún arte puede captar la esencia de lo que allí se vive, porque todo es tan mecánico, electrónico, metódico, rutinario. Puedes tener la sensación de estar en la cola del paro, arreglando un papel en la ventanilla de la administración, esperando la consulta en el Centro de Salud por un catarro fruto de los típicos cambios de ambientes que sufrimos en estos días de calor. Pero cuando entras tras la puerta roja - ¿porqué pondrán el color rojo a todas esas puertas que indican que traspasarlas te encontrarás con un peligro? - la realidad se llena de historias y vidas que tienen en común la supervivencia, la lucha por la vida y el miedo a la muerte.
Aunque no se vea, ni se nombre, ni se piense ( bueno creo que esto sí), la idea de la muerte vive tras esa puerta roja. Todos y todas salimos de allí para no volver. Lo que nos diferencia es que unos no vuelven porque logran superar la enfermedad y otros por...pues por eso. Y en medio estamos los otros y otras, los que cruzan muchas veces esa puerta, indefinidamente como yo,  y que viven en esa incertidumbre de no estar con los que se van por curarse, ni  los... buenos los otros. Si tengo suerte, esa puerta se trasladará, cambiará de color, será automática... y allí estaré traspasando constantemente esa puerta , hasta que llegue lo inevitable no a causa de mi enfermedad sino a causa del paso inexorable del tiempo y la llegada de la vejez. Todo es posible, porque la ciencia avanza, y además hay una premisa muy fundamental y que da mucha seguridad que es la famosa frase  ¡"Virgencita, Virgencita que me quede como estoy!. No, es broma, lo que le ocurra a mi cuerpo puede ser tan inevitable como es nuestro ADN. La ciencia y la investigación en la única que puede transformar ese ADN ( en realidad mi tratamiento actualmente actúa sobre la epidermis de la célula ), y pueda decir en un futuro que puedo curarme. Pero pensar eso es perder el tiempo. Vivir es mi tiempo. Y mi tiempo es para disfrutar con la vida . Y todo eso ocurre allí tras la puerta roja y aunque cuando entres 
ya no sales, mi nueva forma de ver la vida ha roto el tiempo y el espacio que representa esa puerta roja. Soy feliz porque vivo al día y ninguna puerta sea roja, verde, amarilla...o de cualquier color puede cerrarse a las enormes ganas de luchar, disfrutar, amar, cambiar ... ninguna puerta podrá.
Un día más de quimioterapia, como siempre, igual. Es bueno, aprendo el camino de la aceptación.
Mañana saldrá el sol, y aquí estaré en vez de abrir una puerta, abriré ventanas para que entre la luz radiante que me da fuerzas para disfrutar de la maravillosa vida que es simplemente vivir.

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