domingo, 12 de febrero de 2017

¿QUÉ ES SER FELIZ?

Hace ya más de una semana que recibí los resultados de las distintas pruebas y aunque fueron positivos podría decir que mi actitud es casi la misma que la semana anterior a los mismos. El primer resultado fue el del cardiólogo que me resultó más satisfactorio. Tenía un miedo atroz a no poder seguir con la quimioterapia y, como a veces tenemos esa capacidad de prever los acontecimientos agolpándolos unos tras otros en milésimas de segundo, me veía ya como una Margarita Gautier cualquiera (siempre he tenido un sentido trágico de la escena, no se puede esperar perderlo ni en el último momento) pronunciando mis últimas palabras. Pero en cuanto me dijo que posiblemente el aneurisma del corazón lo tendría desde el nacimiento y que esto no influye ni en la quimioterapia ni en mi vida en general, salí de allí aliviada y con la sensación de haberme quitado un gran peso de encima.
Al día siguiente tuve los resultados del Tac. Llegué con una sensación muy positiva y voy a decir que siempre que estoy en consulta mantengo mucha tranquilidad. Entré y allí estaba mi seca doctora pero que a fuerza de verme tan a menudo desde hace un tiempo, y especialmente desde que la cosa se extendió mas de lo que ella creo que esperaba,  me recibe de una manera más cálida. Supongo que pasar de nivel implica este beneficio. Antes de que me siente ya me dice que la mancha del hígado no aparece y para mi sorpresa ocurre una de las cosas que desde que empece en el año 2012 no me había pasado: la doctora empieza a leerme las pruebas y a compararlas con las anteriores. Compruebo que el TAC anterior era peor de lo que me dijo ( en realidad no dijo nada solo manchitas aquí y allá), y que en el de ahora aunque no todo ha desaparecido, los datos no son tan abundantes como los del anterior por lo que indudablemente ello supone una mejoría. Lo mejor es que cuando me voy me felicita y me llama guapa...verdaderamente la cosa debe estar muy bien¡. Me voy a realizar mis papeles y mi cita para la quimioterapia del día siguiente y a mi casa. ¿Qué pensé? Pues un alivio, pero nada más. Todos los que me rodeaban sentían mas alegría que yo pero no podía aumentar la satisfacción mas allá de la que mesuradamente tenía, me era imposible. Para mí sólo es como el deber cumplido, lo haces, te sale bien y ya está. Seguimos adelante y hasta la próxima. Se supone que debo coger estos momentos, como un impulso, convertirlos en un hecho de esperanza, pero no me sale nada más allá del alivio. A veces expresaba mas alegría que la que tenía simplemente por satisfacer a los demás y, al fin y al cabo, mi enfermedad tampoco es cosa exclusivamente mía, la sufren los más cercanos y si les procura una alegría mejor que mejor. 
¿Qué me hace ser feliz? Pues no voy a negar que llegar a curarme sería una de ellas, pero eso no va a ocurrir y por tanto me quedo con la tranquilidad. La tranquilidad que me den los resultados de las pruebas a las que deba someterme; la tranquilidad de un tratamiento que sea una constante durante un muy largo período de tiempo; la tranquilidad de unos efectos del tratamiento mas o menos consolidados; pero especialmente la tranquilidad y la serenidad para vivir todo esto con un equilibrio emocional adecuado. Ser feliz, es entender que mi vida es convivir con esta enfermedad; saber que cada 21 días deberé estar en un sillón con esas dosis de vida que me permiten alcanzar mis deseos diarios; es comprender que la vida son los momentos que tenemos ahora y que cada uno de ellos es único y por tanto en eso está su valor; que a los momentos malos vendrán los buenos...y con todo este conocimiento saber que estoy aquí disfrutando de la vida, mi vida, con los que quiero y a la manera que ahora debo vivirla. Si, siento tranquilidad. Esto no implica no tener miedo, frustración, ansiedad, etc; convivo con lo bueno y lo malo...pero eso es la vida, la mía y la de todo el mundo. 
Me siento tranquila, con mis miedos y pensamientos funestos, pero la tranquilidad y la fuerza con los que consigo superarlos me da felicidad que para mí es entendida por serenidad de espíritu. Esta enfermedad me acompaña, pero no determina mi ser, lo que soy. Me ha ayudado a conocerme inténsamente, le debo dar las gracias en muchas cosas, pero yo soy mucho mas allá de esta enfermedad y cada día que pasa ella se asienta en mi vida a la misma vez que se aleja de mí. Ese es el camino.
Un día, muchos días más, y sigue saliendo el sol; bien sea brillando en un hermoso cielo azul o entre negras nubes, siempre sale al igual que siempre abro los ojos cada mañana a su luz. Seguimos