martes, 21 de febrero de 2017

EL MIEDO

Aunque escriba esta entrada, nada cambia en mi manera de actuar y vivir cada día. Sigo haciendo las mismas cosas, actuando de la misma manera, nada puede percibir que existe un miedo atroz en mi interior, cierta ansiedad que se instala invisiblemente en el pecho y temes que de un momento a otro pueda faltarte el aire... pero a mí no suele pasarme y no sé si eso es bueno o malo. Pensaba que había dejado atrás la máscara pero sigo llevándola, la única diferencia es que ahora es invisible.
Como iba diciendo el miedo se ha situado dentro de mí. Sí, lo sé debería racionalizar y comprender que todo son ideas imaginadas, que he creado una realidad que todavía no ha sucedido y que el futuro nadie lo conoce, pero el miedo se ha situado dentro de mí. Poco a poco va instaurándose en cualquier pensamiento, en cualquiera acción del día y cuando te das cuenta si paras de hacer cualquier cosa, ahí está acechando y transformándote.  
El pistón fue una muy triste noticia y la sensación de que por mucho que luches el final es inevitable. Tanto sufrimiento ¿para qué?. Poco a poco, de la pena que sientes ante la perdida de una persona que aunque no conocía fisicamente pero que si sentía cercana y cariñosa, se instala en ti que es ese tú mismo destino y que al igual que ella por mucho que intentes y luches, nada puede parar al avance inexorable de esta cruel enfermedad. 
No termina ahí el trabajo de la sigilosa y perversa mente, pues ya empiezas a valorar el tiempo de tu existencia, haciendo apreciaciones y valoraciones - que si una metástasis en cervicales tiene mal pronostico, el pulmón,  la resistencia que mi cuerpo tiene al trastuzumab ( el único que por ahora puede alargar mi tiempo de vida) ...- ideas tras ideas que lo único que consiguen en hundirme en el miedo y por tanto en mi capacidad de salir de este pozo.
Hace tiempo que no me encontraba tan bajona. Supongo que previamente estaba muy positiva y animada y cuando caes sientes que el dolor es mayor, evidentemente. Pero a diferencia de las anteriores entradas sé que no me puedo permitir caer en este pozo. Desahogarse es bueno, llorar, gritar, aquello que quiera que hagan los demás pero para mí el ser positiva es mi mejor medicina. Prefiero la alegría a la tristeza, la risa al llanto, crear que destruir. No puedo dejarme caer en un pozo que además una misma acaba socavando cada día mas.
Hace tiempo que sé que vivo en un precipicio continuo, pero no debo de estar mirando continuamente al vació que hay bajo mis pies, sino mirar de frente y contemplar el hermoso cielo. No sé cuanto tiempo me queda, posiblemente poco, pero a lo mejor medianamente y con suerte pues mucho. Pero si me cruzo con cualquiera podría decir le queda mucho tiempo de vida, o quizás medianamente o puede que poco, y por tanto yo y cualquiera estamos en la misma situación. El orden de los sumandos no altera el valor del producto...pues eso puras matemáticas. Sí sé algo seguro ( mas o menos estoy sujeta a la misma ecuación que el resto de mortales) que mañana estaré aquí. Me iré al hospital como hago cada 21 días y haré lo que debo de hacer, seguir tratándome para seguir estando aquí el mayor tiempo posible y lo viviré como una actividad más de las que suelo hacer, no debe suponer una diferencia; seguiré con mi actitud alegre y positiva respecto a esta vida continua del ahora y miraré al sol cada mañana siendo feliz de estar aquí  con las personas que amo. La vida es lo que es, no podemos cambiar las cartas que nos ha tocado jugar pero sí pasarlo bien en el juego, reír y disfrutar y cuando termine la partida estaré satisfecha de lo que he vivido...pero esto sirve para todos. 
Un día mas, de bajón pero con la determinación que mañana me levantaré con una nueva predisposición y ánimo. Y como en el final de Lo que el viento me llevó : "pensaré en ello mañana". Seguimos

domingo, 12 de febrero de 2017

¿QUÉ ES SER FELIZ?

Hace ya más de una semana que recibí los resultados de las distintas pruebas y aunque fueron positivos podría decir que mi actitud es casi la misma que la semana anterior a los mismos. El primer resultado fue el del cardiólogo que me resultó más satisfactorio. Tenía un miedo atroz a no poder seguir con la quimioterapia y, como a veces tenemos esa capacidad de prever los acontecimientos agolpándolos unos tras otros en milésimas de segundo, me veía ya como una Margarita Gautier cualquiera (siempre he tenido un sentido trágico de la escena, no se puede esperar perderlo ni en el último momento) pronunciando mis últimas palabras. Pero en cuanto me dijo que posiblemente el aneurisma del corazón lo tendría desde el nacimiento y que esto no influye ni en la quimioterapia ni en mi vida en general, salí de allí aliviada y con la sensación de haberme quitado un gran peso de encima.
Al día siguiente tuve los resultados del Tac. Llegué con una sensación muy positiva y voy a decir que siempre que estoy en consulta mantengo mucha tranquilidad. Entré y allí estaba mi seca doctora pero que a fuerza de verme tan a menudo desde hace un tiempo, y especialmente desde que la cosa se extendió mas de lo que ella creo que esperaba,  me recibe de una manera más cálida. Supongo que pasar de nivel implica este beneficio. Antes de que me siente ya me dice que la mancha del hígado no aparece y para mi sorpresa ocurre una de las cosas que desde que empece en el año 2012 no me había pasado: la doctora empieza a leerme las pruebas y a compararlas con las anteriores. Compruebo que el TAC anterior era peor de lo que me dijo ( en realidad no dijo nada solo manchitas aquí y allá), y que en el de ahora aunque no todo ha desaparecido, los datos no son tan abundantes como los del anterior por lo que indudablemente ello supone una mejoría. Lo mejor es que cuando me voy me felicita y me llama guapa...verdaderamente la cosa debe estar muy bien¡. Me voy a realizar mis papeles y mi cita para la quimioterapia del día siguiente y a mi casa. ¿Qué pensé? Pues un alivio, pero nada más. Todos los que me rodeaban sentían mas alegría que yo pero no podía aumentar la satisfacción mas allá de la que mesuradamente tenía, me era imposible. Para mí sólo es como el deber cumplido, lo haces, te sale bien y ya está. Seguimos adelante y hasta la próxima. Se supone que debo coger estos momentos, como un impulso, convertirlos en un hecho de esperanza, pero no me sale nada más allá del alivio. A veces expresaba mas alegría que la que tenía simplemente por satisfacer a los demás y, al fin y al cabo, mi enfermedad tampoco es cosa exclusivamente mía, la sufren los más cercanos y si les procura una alegría mejor que mejor. 
¿Qué me hace ser feliz? Pues no voy a negar que llegar a curarme sería una de ellas, pero eso no va a ocurrir y por tanto me quedo con la tranquilidad. La tranquilidad que me den los resultados de las pruebas a las que deba someterme; la tranquilidad de un tratamiento que sea una constante durante un muy largo período de tiempo; la tranquilidad de unos efectos del tratamiento mas o menos consolidados; pero especialmente la tranquilidad y la serenidad para vivir todo esto con un equilibrio emocional adecuado. Ser feliz, es entender que mi vida es convivir con esta enfermedad; saber que cada 21 días deberé estar en un sillón con esas dosis de vida que me permiten alcanzar mis deseos diarios; es comprender que la vida son los momentos que tenemos ahora y que cada uno de ellos es único y por tanto en eso está su valor; que a los momentos malos vendrán los buenos...y con todo este conocimiento saber que estoy aquí disfrutando de la vida, mi vida, con los que quiero y a la manera que ahora debo vivirla. Si, siento tranquilidad. Esto no implica no tener miedo, frustración, ansiedad, etc; convivo con lo bueno y lo malo...pero eso es la vida, la mía y la de todo el mundo. 
Me siento tranquila, con mis miedos y pensamientos funestos, pero la tranquilidad y la fuerza con los que consigo superarlos me da felicidad que para mí es entendida por serenidad de espíritu. Esta enfermedad me acompaña, pero no determina mi ser, lo que soy. Me ha ayudado a conocerme inténsamente, le debo dar las gracias en muchas cosas, pero yo soy mucho mas allá de esta enfermedad y cada día que pasa ella se asienta en mi vida a la misma vez que se aleja de mí. Ese es el camino.
Un día, muchos días más, y sigue saliendo el sol; bien sea brillando en un hermoso cielo azul o entre negras nubes, siempre sale al igual que siempre abro los ojos cada mañana a su luz. Seguimos